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Estancias se volvieron muy caras para niños con menos recursos, tras recorte del gobierno

A las 7 de la mañana en Zacatlán de las Manzanas, Puebla, los primeros niños comienzan a llegar a la estancia “Angelitos felices”, porque sus madres trabajan desde temprano. Serán 35 niños en las siguientes horas, aunque prácticamente son la mitad de los que asistían hasta enero, cuando el lugar operaba a su máxima capacidad, con 60 pequeños de 1 a 4 años de edad. 

Quienes dejaron de ir son los hijos de empleadas de tiendas departamentales, o de pequeños comercios como tortillerías, de venta de telas, quienes trabajaban en un restaurante, o en cooperativas donde ganaban 80 pesos por día. “Ellas fueron las primeras que desertaron porque los sueldos no son buenos”, esa era la población que atendía y ya no asisten, dijo Margarita Luna, encargada de la estancia. 

Esto porque a partir de febrero, cuando el presidente Andrés Manuel López Obrador aseguró que hubo actos de corrupción en las estancias infantiles que operó la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) durante los últimos 12 años, las reglas de operación cambiaron. 

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